Todavía me emociono cuando lo recuerdo. Creedme, no hay situación más triste y dolorosa para un padre que el que le digan que su hija no debería haber nacido por tener síndrome de Down. Por ser diferente a los demás.
Sucedió a los pocos días de nacer Leire, cuando todavía estaba en el hospital donde tuvo que quedar ingresada un largo tiempo . Me crucé con él en la escalera y, la verdad, yo esperaba un “enhorabuena”, pero no fue así. De su boca sólo salió un “¡hombre! no hacía falta llegar a esta situación. Con estos niños se aborta”. Sigue leyendo
